Posteado por: Manfredo Teicher | 8 noviembre 2010

Represión o Insight

¿Represión o Insight?

Tras nacer, cuando aprende a hablar, un niño dice lo que se le antoja sin ningún análisis previo. Al elaborar el Complejo de Edipo, la educación “socializa” al infante, le enseña lo que puede y debe decir, pensar, hacer y lo que no. Se le dice: no hay que mentir, la verdad debe ser sagrada. Al mismo tiempo se le dice: ¡eso no se dice!
Por miedo (al desamparo, al desprecio, al rechazo, al Complejo de Castración) una criatura se somete y aprende a “portarse bien”. Hay cosas que no se deben decir. Entonces aprende y comienza a mentir, para mostrar que se “porta bien”. También se va auto convenciendo, se miente a sí mismo.
Así se forma el Inconsciente. Va escondiendo los deseos que no son bien vistos por los otros. Deseos de someter y no ser sometido. Reprime la furia, la rabia, por tener que someterse. Se va auto convenciendo que no tiene nada que ver con esto. Que es “bueno”.

Primero será necesario nacer, y habrá que tolerar por un tiempo los caprichos de la criatura para que ésta tenga ganas de vivir. Una vez logrado esto, fortalecido su narcisismo infantil, empieza la socialización. Para ser aceptado en la sociedad, (y no puede prescindir de ella) tiene que “portarse bien”. Aprende a compartir, a colaborar, a ser solidario, a ser amable, a gratificar el narcisismo del objeto significativo para que éste quiera compartir, colaborar, ser amable, con el sujeto.

La criatura humana intuye su indefensión, por lo tanto, su necesidad de protección. Igual que la necesidad de mantener despierto el interés de los adultos (por lo menos, de algunos) de tener interés de brindar esa protección. El niño se da cuenta que depende del adulto para sobrevivir, es el adulto el que tiene poder. Por lo tanto, se somete a él.

Frente al bebé, en algunos momentos algún adulto se deja someter con gusto para que el bebé tenga ganas de vivir. Pero poco a poco, a medida que el bebé madura y se desarrolla, al demostrar que puede, se le van poniendo límites, la atención que se le brinda ya no es incondicional. Poco a poco se le va aclarando que el que manda es el adulto y que tiene que obedecer, tiene que someterse. Es el momento en que los padres son convertidos y reciben el reconocimiento que se le brinda a un ser superior, un cariño casi incondicional que viene a ser el premio a la protección obtenida.
El infante se da cuenta que son los adultos que tienen el poder, por lo que tiene que estar dispuesto a ser amable, mientras el adulto puede ser caprichoso.
“Portarse bien” es un esfuerzo porque hay que reprimir las ganas de obligar a los otros a someterse a los caprichos de uno. La lucha por el poder consiste en dilucidar quién tiene derechos (de recibir gratificaciones) y quién tiene el deber (de darlas)

El Inconsciente es un archivo secreto donde se oculta el Deseo prohibido de someter a los objetos significativos. Tras la adolescencia ¿buscará la revancha que será tener suficiente poder para someter a otros?

Hay dos circunstancias en que el Deseo destruye los diques morales, sociales, que lo mantienen reprimido y entonces uno decide “portarse mal”:
- Cuando el sujeto siente que tiene suficiente poder sobre los que quisiera someter. En este caso, afloja las riendas que mantienen reprimido el Deseo. Hay suficiente confianza para el abuso y la prepotencia.
- Cuando hay demasiada (según el umbral de cada uno) bronca acumulada. En este caso, destruye los diques que mantienen la represión. La rabia descontrolada, surge destructiva, incontenible. La vida ha perdido sentido, ya no interesa seducir a nadie.

En el Inconsciente ocultamos nuestros aspectos perversos: poder someter, usar y abusar de todo y de todos y que eso “está bien”. El Inconsciente se formó para poder ocultar ese Deseo ante los demás y ante sí mismo, para sentirse “bueno”.

Insight:

Pero llegó el psicoanálisis diciendo que el sujeto debe conocerse, debe hacerse cargo de su realidad.
¿Para qué? Conociendo al enemigo, a sus aspectos perversos, se lo puede combatir mejor. Quizás podrá manejar sus aspectos perversos de un modo más conveniente.

Si se le dice a alguien que quiere someter a todo y a todos, puede suceder:
-Que se ponga furioso porque se siente insultado. Es una “buena” persona y no tiene nada que ver con eso.
-Si lo acepta, puede:
-Deprimirse
-Caer en la melancolía
-Entrar en cortocircuito, entre la culpa y el odio, psicotizarse porque si es así, es un monstruo que no merece ninguna consideración.

Para hacer ese “insight” es importante que pueda aceptar que ni es un monstruo, ni el único que tiene tales deseos. Que son deseos Humanos, que pertenecen a la condición humana.

Por otro lado ¿Hasta dónde y hasta cuándo hay que “portarse bien”? La expresión de la rabia ¿nunca es conveniente? Cuándo, dónde, cómo, en qué circunstancias, contra o frente a quién ¿someterse, protestar, o intentar someter? Encontrar las respuestas más “adecuadas” es el arte de convivir en sociedad.

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